jueves, 02 de febrero de 2006

Cap. Gabriel De Rojas

Nacido en la ciudad de Cuellar, expedicionario de América con Pedrarias. Sintió el llamado de América junto con sus hermanos. Fundador de la población de Gracias a Dios, al oeste de Comayagua «sobre un cerro o sitio fuerte. Información mas completa sobre este conquistador lo encontrarás en Los Rojas en América El Capitán Rojas murió al ser alcanzado por una flecha envenenada en una batalla contra indígenas de la provincia de Catamarca (Argentina). Información al respecto podréis obtenerla en el Ensayo de la historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán.

Semblanza del capitán Gabriel de Rojas. Gonzalo Fernández de Oviedo dedicó unas líneas al capitán Rojas que contribuyeron a fijar los rasgos de su personalidad. El cronista le tributa los siguientes elogios: «conquistador e buen soldado, veterano de la Tierra Firme, hombre de honra y de experiencia e que ha dado buena cuenta de sí. Es hombre para confiar de él todo lo que de buen capitán se puede fiar; porque además de ser valeroso por su persona e habilidad, es de buena casta, e gentil e conversable mílite, e buen compañero e muy bien partido e liberal. Cómo acabará Dios lo sabe; porque así él como los más, son en cargo de hartas vidas de indios, e unos más que otros y el oficio de la guerra todo eso trae. Mas puédese sospechar de sus obras que meresce todo buen fin, e ha muy bien servido a Sus Majestades, e trabajado más que otros que antes que él han sido ricos (e allí adonde él ha andado), así por falta de su ventura, como por inadvertencia de la fortuna e de sus despenseros e repartidores de este oro, que ella ha puesto en poder de los que menos lo merecían».

Dicen mucho a favor del capitán Rojas los párrafos que acabamos de transcribir. Fernández de Oviedo, generalmente es duro con los conquistadores, en ocasiones mordaz e hiriente. Precisamente al hablar de que Rojas no había conseguido riquezas, añade a renglón seguido, aludiendo a quienes las tenían en abundancia: «si yo los hubiere de gratificar conforme a sus méritos e buena conciencia, muchos a quienes cargó (la suerte) de oro e plata, cargara yo de leña o paja, o los hiciera volver a los oficios de sus padres, que tuvieron algunos muy apartados de la militar disciplina».

Antonio de Herrera, en cuantas ocasiones alude a su paisano, lo hace con evidentes muestras de predilección y acompaña la alusión con algún calificativo honroso. Nos dice que era «caballero honrado»; «hombre de gran valor y calidad»; «de gran crédito y autoridad»; «de gran prudencia y estimación»; «de autoridad, experiencia y diligencia»; «de mucha autoridad con todos»; «hombre bien compuesto y prudente; caballero a quien hacia gran confianza Hernando Pizarro por ser muy experimentado y recatado en la guerra», «no tenía otra persona de mayor cuidado, experiencia y autoridad»; «era respetado como persona honrada y de juicio»; finalmente dice Herrera que se le encomendaban misiones delicadas, porque las cumplía dignamente «con la mansedumbre de su condición»[1][11].

En la misma línea se manifiesta Calvete de la Estrella, quien afirma que «Rojas era caballero muy principal en las provincias del Perú». Pedro Pizarro dice «que era hombre muy recatado en la guerra; tenía buena persona, decían que era de los buenos Rojas».

A estas pinceladas de los cronistas en relación con su vida pública, tendríamos que añadir unas líneas relacionadas con su vida privada, tal como se desprende de su testamento [2][12]. Rojas aparece como un hombre profundamente creyente. Tras las formas estereotípicas, las cláusulas referentes a la fundación de misas en la capilla de sus antepasados de San Francisco de Cuéllar, acreditan su piedad y transparentan su alma cristiana. Estas misas debían aplicarse en sufragio de las almas del Purgatorio, por los indios de sus encomiendas y para expiación de sus propios pecados. Hijo de su tiempo sintió también el prurito del orgullo familiar y dejó un legado para que la capilla de sus antepasados estuviera convenientemente cuidada y adornada. Tuvo asimismo un recuerdo en el legado para el convento de Santa Clara, la vieja fundación medieval que perdura todavía en nuestros días. Se acordó también de las personas necesitadas de la Villa y de los pobres del hospital de la Magdalena, la benemérita fundación de un cuellarano insigne del siglo XIV, el ejemplar sacerdote y religioso don Gómez González.

El recuerdo de su villa natal de Cuéllar es algo que impresiona profundamente en el testamento de Gabriel de Rojas. Los largos años de ausencia de la patria, no fueron bastante para borrar la memoria del pueblo en que nació; al final de su vida, en el asiento de las ricas minas de oro del Potosí, refrescaría los años de su infancia. La llamada poderosa de la tierra, la nostalgia de su Villa, le impulsó a dejar una cuantiosa cantidad de dinero a favor de la misma y nombró patronos de sus obras benéficas a la Justicia y Regimiento. Cuéllar participó del oro del Potosí, porque uno de sus hijos contribuyó en gran manera a la explotación de las famosas minas.

No sabemos si Gabriel de Rojas estuvo casado. Lo más probable es que no estuviera; por lo menos no existe el menor indicio en las crónicas, ni en el testamento; tuvo, no obstante, un hijo natural, Gómez de Rojas, a quien él reconoció y le nombró heredero de todos sus bienes. Desconocemos el nombre de la madre; tal vez, como su amigo Francisco Pizarro, como su compañero de armas, Garcilaso de la Vega, tuviera amores con alguna princesa incaica, con alguna ñusta de sangre real y fruto de estos amores fuera Gómez de Rojas.

Nada sabemos de su suerte posterior, y aunque con el nombre de Gómez de Rojas figuran varios conquistadores, resulta en extremo comprometido identificarlo con alguno de ellos.

Así fue el capitán Gabriel de Rojas; pecador y creyente; servidor de su Rey; excelente guerrero; decidido partidario de la paz y de la concordia; amante de su villa natal.

Tomado de http://www.geocities.com/rojasweb/personajes.htm
Publicado por rojasweb @ 8:17 | 0 Comentarios | Enviar

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