Viernes, 30 de noviembre de 2007

Nació en Asunción, Paraguay, el 22 de febrero de 1906, hijo de Liberato Rojas (Presidente de la República 1911–1912) y de Susana Dolores Silva. Por la inestabilidad política paraguaya realizó sus estudios en Montevideo y Buenos Aires.

Retornando al país, y como estaba por cumplir la edad para el servicio militar, prefirió, inclinado por su vocación, ingresar en la Escuela Militar, dirigida por entonces por el General Manlio Schenoni.

Egresado del Colegio Militar prestó servicio en Concepción y en el Chaco, sector Casado, donde tuvo por misión específica tender las primeras líneas telegráficas en los fortines del interior del Chaco, pues en el Uruguay se había aficionado a la radiotelegrafía y poseía algunos conocimientos al respecto.
Tte. 1º Adolfo Marcial Rojas Silva
Se le dieron además instrucciones específicas, pues la situación internacional y las relaciones con Bolivia eran sumamente delicadas. En carta a su hermano Hermógenes del 29 de enero de 1927, le dice al respecto: “sobre mi ida al chaco, te diré que no estoy descontento. Voy como comandante de dos fortines, en el lugar en que mas está pisoteada nuestra soberanía nacional y con prerrogativas que hasta ahora no se la han dado a ningún oficial que ha ido a los fortines”…

Apenas afincado en su comando tuvo noticias de que algunos “cuatreros” andaban merodeando al suroeste de su sector. Sospechando que fueran espías bolivianos, organizó un largo patrullaje. Esta patrulla lo condujo a encontrar el nuevo Fortín Sorpresa de los bolivianos en pleno territorio paraguayo. Allí encontró la muerte en circunstancias generalmente relatadas mal. Era el 25 de febrero de 1927.

Lo esencial podría resumirse así: Rojas Silva salió desde Concepción con 18 hombres. A los 3 días se encontraban a orillas del río Confuso. Su guía le señaló a la guarnición boliviana bañándose. Rojas Silva les obligó a permanecer en el río desnudos bajo vigilancia de uno de sus hombres mientras que él, acompañado por otro llegaba hasta el fortín y sorprendía a su comandante.

En el Fortín ocurrió un fuerte altercado inicial entre ambos comandantes, que luego fue suavizándose: “Estas son cosas que arreglaran los diplomáticos”, “Nosotros somos militares y cumplimos con nuestras órdenes”. Al final el oficial boliviano le ofreció cerveza.

La patrulla paraguaya fue invitada a pasar la noche, invitación a la que el Tte. Rojas Silva accedió por lo avanzado de noche, ya que la mayoría de los hombres se encontraba muy cansada. Ese fue su error pues fueron desarmados mientras dormían.

A la mañana siguiente Rojas Silva, temprano, despertó a sus hombres y requirió al Cap. González por los caballos y las armas. El Comandante boliviano le respondió que no podía dejarlo partir, que tenía orden de retenerlo.

-En carácter de que, preguntó Rojas Silva
-De prisionero, contestó el boliviano
-Eso nunca, me voy ahora mismo, me voy, me voy y me voy, dijo Rojas Silva
Y dándose vuelta gritó a sus soldados:
-Pe che seguique lo mitá. (Síganmé muchachos)

Mientras Rojas Silva se dirigía a la parte exterior del Fortín, el Cap. González (boliviano) ordenó a sus soldados para que les impidieran la huida. Los soldados González y Chaparro fueron tomados por los bolivianos. Arguello y Rojas Silva, corrieron hacia unos matorrales cercanos. A mas de un kilómetro hicieron un alto. En el camino de salida un boliviano quiso detener a Rojas Silva y este lo hirió con la propia arma del enemigo, golpeándole en la cabeza: era el sargento Tejerina.

La persecución no se hizo esperar. Pasaron sin verlos, por el pajonal que escondía a Rojas Silva y a Arguello los bolivianos a caballo. Inmediatamente se aproximó una patrulla de infantería y uno de los soldados se dirigió directamente hacía ellos. Rojas Silva intentó usar su revolver pero fallaron todos sus tiros, así que le dio un golpe de su yatagán. A los gritos del boliviano acudieron sus compañeros y alcanzaron a Rojas Silva de un disparo en la cabeza.

Rojas Silva acababa de cumplir 21 años, en pleno Chaco, al Servicio de la Patria el 22 de febrero de 1927. Tenía pues al morir 21 años y 3 días.

La tensa situación creada por los avances bolivianos en violación con el "Statu quo" pactado en 1907, se agravó considerablemente con la muerte del Teniente Rojas Silva, quien fue el primer mártir de la epopeya chaqueña que se desató inexorablemente entre los años 1932 al 35.

Los versos de Emiliano R. Fernández (y que se escuchan por todo el Paraguay hasta el día de hoy) movilizaron a todo el país: con palabras tan simples y que piden vengar por ese acto cobarde e ir a buscar el cuerpo del hermano.

Jaku'éke Paraguái, oguahêma ko la hora
jahamívo jaheka Rojas Silva retekue.
Ñavengáne katuete umi cobarde ojapóva,
anichéne opuka guaikuru ñanderehe.


Mis agradecimientos especiales al Cnel. Pedro Acuña Solei.


Tags: héroe paraguayo, Rojas Silva, Paraguay, America

Publicado por rojasweb @ 17:07
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